Ante la explosión de las ventas “online”, como alternativa al consumo presencial a raíz de la pandemia, debemos realizar comprobaciones para garantizar la seguridad y autenticidad de los productos que compramos para evitar los fraudes, advierten los expertos en riesgos de la tecnología, quienes ofrecen algunos consejos.

La pandemia del coronavirus ha disparado la adquisición de productos en línea y el comercio electrónico ha dejado de ser una tendencia para convertirse en una solución, pero con el aumento de la oferta y la demanda también ha aumentado el número de incidencias por fraudes cometidos, advierten los expertos en ciberseguridad.

“Por fraude entendemos cualquier actividad que sea delictiva. Un tipo de fraude en Internet está relacionado con las compras de un producto físico”, explica a Efe Oriol Roig, gerente global de cuentas clave y líder del equipo de productos de consumo y venta minorista de la firma TÜV SÜD, especializada en certificaciones de calidad y seguridad relacionadas con la tecnología.

“Uno de los fraudes habituales consiste en publicitar una tienda ‘online’ de productos que finalmente nunca llegan a su comprador”, según este experto de la compañía alemana (www.tuv-sud-amt.es/amt).

Señala que esta modalidad fraudulenta suelen proliferar en fechas señaladas del calendario, como el ‘Black Friday’, un periodo de tiempo limitado, en el que hay mucha más gente comprando “online” y, por lo tanto, es más probable que alguien “pique en el anzuelo””.

Otro tipo habitual de fraude, a menudo relacionado con el anterior consiste en vender a un comprador productos que parecen auténticos, pero que, en realidad, son falsificaciones, de acuerdo a Roig.

“Dos de las incidencias por fraude “online” que más están aumentando y podrían incrementarse en el futuro son las falsas notificaciones sobre un supuesto concurso, en el que hemos sido agraciados con un descuento o regalo, o aquellas que nos animan a participar en una encuesta a cambio de un descuento”, índice el experto.

A estas prácticas fraudulentas que están creciendo mucho últimamente, “se suman algunos ‘clásicos que nunca mueren’, como la notificación de una ‘última advertencia’ relacionada con una elevada suma de dinero que el destinatario perderá en caso de no seguir las instrucciones del aviso fraudulento”, según el especialista.

Otras de las principales incidencias de fraude en línea suelen relacionarse con “encontrar la información de seguridad de los productos que estamos buscando”, asegura Oriol Roig.

“Lo más sensato es buscar y comprar dicho producto en la página web del propio fabricante, lo que evita posibles falsificaciones y garantiza la seguridad en el pago online”, según Roig.

Además, según el país donde opere la marca, podría ser obligatorio recoger toda la información de seguridad del producto como, por ejemplo, en el caso de la Ley de Seguridad de Productos de Consumo (CPSIA) de Estados Unidos, según este experto.

“Según esta normativa, al adquirir determinados productos están obligados a recoger en la web las mismas advertencias de seguridad que en el embalaje del producto, por ejemplo, ‘no recomendado para menores de 36 meses’. En cambio, las tiendas “online” multiproducto no suelen ofrecer esta información”, apunta.

LA SEGURIDAD Y LAS GARANTÍAS TIENEN UN PRECIO.

Roig añade que “lo más recomendable es comprar a una marca reconocida, pues no solo estamos pagando ‘la marca’, sino que estamos adquiriendo un producto que debe cumplir con todos los estándares de calidad y seguridad, y eso tiene un precio”.

“El binomio marca reconocida-tienda es la mejor fórmula para minimizar los problemas, dado que el prestigio o compromiso que van asociados a la imagen de esa compañía invitan a que las cosas de hagan de modo correcto, analizando los posibles riesgos del proceso de diseño y de los materiales que se utilizarán y realizando los ensayos pertinentes”, de acuerdo a este experto.

Para Roig, la mayor seguridad acerca de la calidad y autenticidad de un producto la otorga un certificado que lo corrobore, el cual asegura que el producto cumple con la legislación vigente y también nos da garantías de que la supervisión es más estricta durante todo el ciclo de vida del producto.

“Así podemos comprobar que se efectúan revisiones periódicas o que se inspecciona el manual de instrucciones para verificar que se informa correctamente al usuario”, asegura.

Además, el especialista señala que, si surgiera un problema con un producto adquirido en línea “siempre podremos acudir a los organismos de consumo vinculados con las diferentes administraciones públicas puesto que, mediante un arbitraje, nos podrán ayudar a alcanzar buenas soluciones”.

Consultado sobre cómo podemos darnos cuenta de que podríamos estar a punto de ser víctimas de un fraude ‘online ‘al comprar, Roig señala: “si nos centramos única y exclusivamente en el producto, la primera señal de alarma o indicio de una posible actividad delictiva es un precio de venta de ese producto desproporcionadamente barato”.

“Los márgenes con los que trabajan las tiendas pueden variar mucho, pero si un televisor cuesta alrededor de 600 dólares y una ‘tienda’ online de la que no hemos oído hablar lo vende a 250, es probable que se trate de un fraude”, apunta.

“Por otra parte, si la página web en la que estamos navegando, no tiene cifrado visible (su página web no empieza por “https” sino por “http”) o bien no vemos la imagen de un candado en el navegador que nos asegura una protección de extremo a extremo, tampoco deberíamos fiarnos de ese sitio de Internet”, advierte.

Por último Roig recomienda leer el “aviso legal” de la propia página web, ya que “debería tenerlo”, lo cual también nos puede dar una pista de su veracidad y seriedad.

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